Mientras Cancún y Tulum reciben millones de turistas cada año, Dzilam de Bravo permanece como uno de los últimos secretos de la costa mexicana. Un lugar donde el manglar se mezcla con el mar y los flamencos rosados vuelan al atardecer.
Este pequeño puerto de pescadores, a solo 1.3 horas de Mérida, guarda las condiciones perfectas para el desarrollo turístico y residencial de la próxima década.